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sábado, 6 de enero de 2018

Balance de 2017

Hace algo más de una semana escribí por twitter mi impresión escueta del año pasado. Yo, los años no los empiezo de fiesta, es más, el día de año nuevo suele caer lluvioso y tristón. Normalmente teniendo que recoger, hacer maletas y directos a la rutina. No me alegra empezar un nuevo año, es irrelevante y una excusa para celebrar unas fiestas y ver a la familia. Yo no empiezo el año de cotillón, borracho y con amigos. Pero eso no es lo que me hace que no me guste estas fechas.

Así justamente empecé 2017, con prisas y de forma gris. Pero contrariamente a cómo fue la segunda mitad de 2016, este ha sido infinitamente mejor. Si tuviese que resumirlo en una frase, ha sido un año de "me suda todo la polla". He evolucionado, he aprendido a que todo me resbale, y sinceramente, se vive mejor. Sin apegos innecesarios, siendo egoísta y yendo a mi rollo. Como siempre, se suelen tener momentos de bajón, de estar necesitado, de socializar, de que te quieran los que a ti te apetece realmente. Pero este año, esos periodos han sido cortos, uno o dos días consecutivos a lo sumo. Me han dejado de joder cosas que antes me ponían histérico. He aprendido a poner filtros emocionales cuando abro una red social. Me he convertido en una persona no exenta de sentimientos fuertes pero los he tenido a raya, a fustigarme internamente cuando se desbocaban. Me he convertido, más aún si cabe, en una persona flemática.

En 2016 veía las cosas de forma más tensa, más analítica. Viendo los trenes pasar y como los perros que no entienden que está sucediendo, ladraba, me encabronaba. He escuchado por ahí, que la ducha o la bañera es el lavadero del alma. Yo hacía lo contrario, en la ducha me encabronaba solo con situaciones que no me gustaban. Este año he reflexionado tanto como el anterior, pero con una nueva perspectiva de todo. Más contenido, más visceral, menos emocional y sobretodo, eso ha afectado al ánimo. Contrariamente a lo que sería lógico pensar, he sido más feliz de esta forma. Abrazando mi escepticismo como una parte de la realidad, he sido más despreocupado, más libre de sentirme contento conmigo mismo y con el mundo. Sigo conservando los mismos sentimientos negativos (envidia, ira, indignación,...) pero al tragármelos no me he envenenado. Vivo en una burbuja, pero la pompa no es tan fina, no se rompe con soplarle. Este año, la ducha no ha sido como mi cuarto interior secreto para despotricar, simplemente me resbalaba todo y se iba por el desagüe. 

En otro orden de cosas, he reajustado mi balanza de ocio. Menos anime, menos videojuegos, más películas, muchas más series y libros. Me ha gustado el cambio, pero sé que puedo hacerlo mejor. He mantenido mi nivel de frikismo, he aumentado el consumo de unas en detrimento de otras. Principio de compensación. Aunque este año seré más ambicioso, no quiero mantener, sino aumentar. De hay que dijese que podía hacerlo mejor.

sábado, 8 de octubre de 2016

Intrascendente



Dícese de ese sentimiento de no ser necesario para nadie. No importante. Prescindible. En definitiva, un sentimiento doloroso cuando es uno de los motivos primigenios para la autorrealización personal. Te va la felicidad en sentirte importante para otra persona.

A veces lo pienso, a veces lo siento. Escuece tu autoestima. Tu amor propio. Más cuándo antes con ciertas personas te has sentido trascendente. Es bonito sentirte "vital" para alguien que quieres. Es un sentimiento reconfortante.


¿Qué reconforta? A tí, a tu ego. ¿Es malo necesitar sentirse así? No lo creo. Pues es negar tu punto social. Es cruel que alguien del que gozabas de esa importancia te la quite. Eso equivale a admitir que tiene poder sobre tí en un aspecto primordial de tu vida. El social. Todos damos lo que queremos dar en la medida que lo queremos dar. Somos generosos de querer "compartirnos". Escribo esto sin un propósito, sólo por el desahogo. Desahogo porque decidirnos implicarnos tanto que nos podemos poner una soga que poco a poco nos asfixia. Aún así no es malo, es necesario. El ser humano es un animal social. Sólo controlamos en la medida que aprieta la soga.


Critico esa especie de inteligencia emocional que dicta el "tú y nada más". Que nada te afecte. Sólo importas tú. A la mierda eso. Aprendemos a levantarnos porque nos caemos y es inevitable caerse. En la vida te equivocas, pero tú decides si aprendes la lección antes o después.


Yo necesito sentirme imprescindible pero también hay más formas y personas de llegar a eso. La piedra la puedes quitar del camino. A tu ritmo. No es masoquismo, todos tenemos nuestro tiempo. Me quiero pero a veces no puedes evitar querer que algo sea cómo quieres, no como te venga. Terco. Mis heridas me las hago yo y las muestro de mil formas: ojeras por no dormir, que me afecte al humor, y mil formas más. Sentido trascendental que diría alguien querido. Quiero que me quieran pero es fundamental también sentirte en paz con tus sentimientos y aceptarlos. Madurez emocional o transitoria. Es importante.

viernes, 10 de julio de 2015

Correspondencia perdida.

Siempre he pensado que el principio alquímico de "intercambio equivalente", para obtener algo debes entregar algo del mismo valor. Lo mismo me ocurre con las relaciones humanas.
 
Con todo lo introvertido que me considero, y seguramente sea así, no puedo presumir de tener muchas amistades. Soy de los que piensa, pocas pero buenas, las mejores. Al ser pocas procuro cuidarlas todo lo mejor que me es posible, o más bien, todo lo que me dejen. Velo a los que quiero sin que apenas lo noten, vaya a ser que como suele pasar malinterpreten la preocupación con otras cosas que no vienen al caso, y más siendo de género sexual opuesto."Un hola ¿qué tal?" te he leído ¿te pasa algo?" otras fórmulas. Hace tiempo que no hablo con la gente por hablar. No le veo ningún objetivo provechoso aunque ello no quiera decir que no me guste o me haga algo de ilusión hacerlo.
 
Es algo que es una labor muy desagradecida la que desempeño, la de preocuparme por los amigos, digo. No se si sea por mi abnegación natural por los que me son cercanos pero es molesto que no se te corresponda. No pido que sea equivalente a la mía, la mitad me bastaba. Mi gran defecto es que esto me molesta pero no lo digo por temor a que gente que valoro me de la espalda porque les pides que te correspondan de alguna manera y al fin y al cabo ¿quién eres tú para pedirles nada? ¿un amigo quizás? eso está sobrevalorado, hoy se le llama amigo a cualquier persona con la que se compartan gustos en común y haya una relación cordial. Siempre está ahí al miedo a quedarte solo por tu egoísmo por querer que estas personas te demuestren porque te consideran un amigo.
 
Me pregunto si soy exigente, pero tener a alguien como yo tiene un precio, si doy algo de mí, llámame raro pero me gusta que se valore de alguna forma. Me sale altruistamente pero no sé, me gusta verme compensado de vez en cuando. Soy un gruñón, me enfado sólo con la gente y muchas veces quiero tirar la toalla, haciendo valer mi condición de lobo solitario en la vida. Me canso de amargarme por la forma de actuar de personas que igual no soy ni la mitad de importante para ellos.
 
Reivindicación del que siempre está ahí y pocos lo ven.

viernes, 12 de junio de 2015

Viernes de ceniza

En ocasiones perdemos la perspectiva de las cosas en su conjunto, nos ceñimos a nuestra propia visión cerrada, acartonada y simplista de nuestra propia realidad sin considerar otros factores.
Esto ocurre sin darte cuenta, te enfadas cuándo no sale todo como tú quieres. No es un enfado cualquiera, juras venganza del modo más lascivo y grosero en tu cabeza. Te tranquilizas al cabo del rato. Ves las cosas de otra manera. Más sosegado. Das una razón lógica a las cosas pero hay veces que no es satisfactoria, sino que realmente había algo podrido dentro y no sabes qué es. Te echas la culpa, algo tendrás que ver para que ello terminara de aquella manera. Entras en modo mártir. Pero es probable es que tú no tengas nada que ver, sino que las cosas no son como creías. Un disfraz, te engañan con una sonrisa de lo más dulce y bonitas palabras. Ingenuamente piensas que el mundo te debe algo de lo que das. Hay quien me diría que soy un bocado apetitoso para la sociedad, con una mentalidad fuera de lo moralmente asentado, el blanco de todas la flechas, condenado a darme de morros una y otra vez contra la realidad, que haría bien en espabilarme y ser un cabrón inmisericorde. Nunca dar el paso por temor a quedarte sólo. Como el dicho ese que reza algo así:
Tantos corazones sinceros siendo destrozados y cuantos corazones hipócritas siendo amados
 No aceptas que el mundo premie ciertos comportamientos, pero quien lo hace es porque también es practicante de tales artes.
 
Camino con el perfil bajo, tratando de no llamar la atención. Cuanto menos me manche mejor, no acostumbro a balar junto al rebaño. Me acorazo y me descorazono en el proceso. Visión pesimista del conjunto. Te hundes en tus propios juicios, estrechez de miras. Hace tiempo que me baño en mi propio barro, y no lo llamo leche de burra porque no pretendo hacer de mí una versión elegante cual Cleopatra.
 
Vivimos condicionados por la comparación para discernir quién está más cercano a la prosperidad. Y siempre priman los números. Cuantos más mejor, como siempre y como en todo. Logros al fin y al cabo. Quien tiene trabajo, quien no. Quien tiene más amigos, quien menos. Cuántos"me gusta" n las publicaciones de sus redes sociales, quien no tiene a penas ninguna. Quien tiene coche, casa, pareja o quien no tiene ninguna de esas cosas. El juego del mucho y el poco. Del mejor y del peor. Del afortunado y del desgraciado. Del orgullo y del desgraciado. De ti siendo alguien o no siéndolo. Todo está condicionado. Todo esta atado a unos parámetros medibles por herramientas que no nos llevan a nada. A la autosatisfacción personal.
 
Vivo mientras me acostumbro a no esperar nada, ni justicia divina o terrenal. Pero salivando en ver caer torres que antaño fueron altas y esplendorosas en un mundo ilusorio creado por nosotros mismos. Señor de un castillo en tierras siempre nubladas, a menudo lluviosas y agradecido por ver algún rayo de luz.

jueves, 14 de mayo de 2015

Mundo de superficialidades

Me ha entrado unas irrefrenables ganas de plasmar unos pensamientos que han invadido mi mente esta mañana. Vamos, que me he envenenado pensando en algo y en alguien.

No busco ser conciso, quiero expresarme sin ser redundante y darle mil vueltas a la tortilla pero mi cabeza es un torbellino que hace girar la misma idea hasta dejarla hecha papilla. En definitiva vengo hablar de la regla que gobierna las relaciones sociales. El estándar común, el cual si te sales de la linea trazada algo va mal. Si quieres ser aceptado, y mantener una relación cordial con los demás, no ha lugar el apego, el sentimentalismo, tu interior, impera sobre todo la máxima de la superficialidad. Sé trivial, habla de generalidades, cosas comunes, mundanas, hastías, aburridas y aceptadas. Es decir, ocúltate a tí mismo en la sombra de lo simple y absurdo. No te muestres y serás aceptado. En definitiva, sé un completo hipócrita, muestra tu mejores galas vistiéndote con un cascarón vacío de tí mismo mientras piensas lo contrario a lo que dices o muestras. He vivido lo suficiente para verlo y sentirme engañado más de media docena de veces. Por ello, soy capaz de concluir en base a la observación y la experimentación como método empírico de que vivimos en una sociedad manchada con lo superficial. El quedar bien prima, dejar una buena impresión de nosotros. Amable, amigable, aceptada de buen grado por el conjunto de la gente pero a fin de cuentas corrupta hasta el tuétano.

No hay como sentarse en el tren dirección a cualquier parte, y a pocos metros tendrás un grupito de amigos hablando de sus cosas. Cosas tan naturales como criticar al amigo ausente, poniéndole a caer de un burro, vamos, fino filipino como hay quien diría. Estos mismos se enorgullecen de poner buena cara delante de quien ahora critican, dicho por ellos mismos. Feliz y pura hipocresía. No manchar su imagen delante de un colectivo para el agrado general, pero celando su asco y odio bajo la más dulce de las sonrisas. A dos filas de asientos allá podemos escuchar cómo un par de amigas hablan de la decepción, de la falsedad de la que consideraban una buena amiga. Con dolor casi visceral relatan momentos de alegría compartidos para darse cuenta de lo que esta persona decía a sus espaldas por el novio de no se quién. Voy en mi asiento ensimismado, con la mirada a ninguna parte, mirando por la ventana pero sin mirar. Oyendo, sin darme cuenta escuchando sin el mayor interés que una conversación ajena a mi persona pero que resuena en mis adentros. Me hacen pensar en la sociedad, esta sociedad que poco me gusta. Quizás sea el país en que vivo que me parece mundano, chulesco, ostentoso y realmente no tiene dónde caerse muerto. Dejémoslo ahí porque me obnubilo. Esa escena tan dispar en el tren me hace sentir asco de la gente, me crea sensación de suciedad.

Te das cuenta que la sociedad en eso, como tejes tu tela de araña para hacer que otros seres de tu especie caigan en tus redes. Las arañas lo hacen para subsistir, atraen otras especies para alimentarse de ellas. Nosotros no, nosotros somos caníbales, tejemos para atrapar a seres de nuestra especie. Les engañamos para nuestra propia autosatisfacción personal. Esto no es necesariamente malo, es algún tipo de retroalimentación que necesita nuestro ego. Sentirse querido no es repugnante, es un fín para corazones de todo tipo. A nadie le amarga un dulce, en este caso es el envoltorio el protagonista.
Los colores plateados y relucientes hacen más apetecible el caramelo.



Yo me considero una persona asocial por naturaleza, mantengo la distancia de seguridad. Esto me haría algo rechazable por el grueso de la sociedad. Considero que soy retraído, muy mío. Pero lo que es contradictorio es que sienta cierta envidia por aquellos que son capaces de atraer a un gran grupo de personas aunque el trato sea lo más superficial que me pueda encontrar. Es una habilidad que no poseo o creo no poseer. A fin de cuentas es lo que decidas potenciar lo que te permite adquirir cierta experiencia. Es una envidia que no es real. En mi interior detesto la hipocresía y las caretas porque cuando yo entro en confianza con alguien y siente afecto tiendo en beatificar mi relación con esa persona. Lo quiero todo puro. Como ser de luz que me considero en un mundo corrupto. Pero si esa persona se pone la máscara y yo lo veo es capaz de sacar todo el odio y la inmundicia dentro de mí hacia la sociedad y hacia ese tipo de gente. Se convierte sin quererlo yo en un ser indeseable y despreciable. La traición a mi forma de ser saca de mí mi lado más oscuro. Soy como uno de estos personajes con los que me reflejo:



Hago referencia al anime y al manga, porque es una influencia para mí, los japoneses expresan de forma muy convincente la sociedad que les rodea, y la psique del individuo más y mejor que yo haya visto en cualquier otra sociedad en formato audiovisual.

No hablaré de personas, hablo de los sentimientos que me han dejado el resultado de mi contacto social con ellos. La sensación desagradable de seguir un canon establecido para la aceptación del conjunto. Defiendo el sé tu mismo aunque ello te lleve a la soledad. Me gusta tenerme a mi mismo, aceptarme en mis peores momentos y desconocerme en mis mejores días. Ser raro pero ser yo, al fin y al cabo. Me tengo a mí y no necesito aparentar lo que no soy. Soy consciente de que siendo así estaré solo en esencia. Siento envidia de la habilidad de relacionarse y establecer vínculos, pero sólo cuando son verdaderos. Más acertado sería decir, tener la suerte o el tino de crear el lazo con las personas adecuadas. Las que sabes que no tienen caretas para tí. Que sean como son estando contigo aunque sean más distantes a tí de lo que tú querrías. Quieres hablar más con estas personas pero sientes que si lo haces terminas corroyendo lo que lo hace tan real. Vive y deja vivir. Y siéntete alegre de saber que permaneces en la memoria de alguien auténtico. Eso es un auténtico logro.


Como reflexión final, veo la soledad como algo bello, algo fuerte, algo que si cultivas te ayuda a crecer como persona. Te hace fuerte y bello interiormente pero débil ante una sociedad estúpida llena de prejuicios. Los que cultivamos nuestro mundo interior tememos contagiarnos de la ponzoña superficial, casi no sabes qué decir, cómo reaccionar ante el mundo exterior. Otra de las muchas espadas de doble filo de ser como soy.

lunes, 27 de abril de 2015

Tormentas nocturnas

Siempre me he considerado una persona depresiva, muy reflexiva hacia la concepción más pesimista de las cosas, sobre todo a altas horas de la noche. La eterna lucha contra la realidad blandiendo como única arma mi almohada. Como es evidente salgo perdiendo. Los síntomas de que pierdes la contienda es cuando pasas la mayor parte del tiempo ardiendo en tu propio infierno, tu pulso se acelera y tu pecho no da tregua. Piensas en todo haciendo un concienzudo repaso por tus logros en la vida y cuando te comparas con gente de tu entorno, digamos que no acabas reconfortado, más bien preocupado. Acabas por infravalorarte más de lo sanamente necesario. Concluyes en esa contienda nocturna que será mejor dormir, buscando borrar ese sentimiento pegajoso e incómodo. En definitiva huyes de ti mismo. Te das lástima.

La depresión es tan horrible porque te hace emocionalmente inestable y frágil, necesitas amigos en quien confiar pero al mismo tiempo te hace insociable y te encuentras en que no puedes hablar con nadie porque te sientes como una carga para los demás y esa culpa hace que las cosas sean peores de lo que eran.

Cuándo me perturba un pensamiento se me ensombrece el rostro y se apaga mi mirada. Ya me ha pasado esto estando con conocidos a mi alrededor. Estos optan por correr un tupido velo. Al ver esa parte de mí acaban por alejarse, temerosos, quizás, de que apague su vela de felicidad. No les culpo, es más, a veces les envidio por ponerle una sonrisa a la vida. Pero si pienso detenidamente, mi lado oscuro, gótico incluso, sale a relucir pensando en lo simple de miras que son. Esa gente no se cuestiona a sí misma y eso me parece ir por la vida con un concepto espejo de sí mismos, ven lo que quieren proyectar delante de la gente y se aferran a esa imagen. Pese a todo sigo pensando que tiene que haber un ying para todo yang. Un blanco para todo negro. Creo que debería haber un equilibrio, el término medio de todas las cosas de Aristóteles. En definitiva, es beneficioso tener a alguien alegre a tu lado, para que haya algo de luz que ilumine tanta oscuridad como hay en mí.

Lo más desconcertante de todo es que he llegado a creer que me atrae sentirme víctima de mí y mis circunstancias. Hay una incomprensible atracción por la melancolía y la tristeza. Me siento en mi salsa y es recurrente caer en los brazos del pesimismo.

Soy un adicto a la tristeza que subestima la alegría. Definirme como un amante de lo oscuro, de lo amargo. Cuando todo te va bien piensas que esa "felicidad" es efímera porque aún dichoso sigues siendo preso del desaliento de esas noches más negras.

Reincidente en mis depresiones.

martes, 20 de enero de 2015

Pequeña reflexión como gamer

Sé que para muchos lo que voy a exponer aquí no es tan importante, ni siquiera se lo han cuestionado alguna vez. Pues bien, yo como gamer, o como se decía antes, viciado, sí que le doy la importancia que para mí y para tantos otros tiene. 

Aquí dejo un reclamo a las desarrolladoras, señoras, yo quiero saber cuántas horas llevo jugadas en un juego. A día de hoy, no soy capaz de comprender la decisión de omitir este dato. Al igual que los logros, que se crearon, en parte, con un fin de mostrar ciertos progresos en un juego para que todos lo viesen, con las horas que le hemos dedicado a un juego también pasa. Es importante. Es como un galón personal, emocional para con el juego. Algo de lo que estas orgulloso. "Le he dedicado 300 horas a completar el 100 % de Final Fantasy X", eso no se te borra de la memoria porque son impagables y que quede registrado ayuda. Y sí, lo recalco con el ejemplo, en PS2 ya se hacía, en GameCube recuerdo saber las horas que llevaba jugando a Twilight Princess o a Resident Evil 4 por poner un ejemplo.


No entiendo que en la generación pasada y en la actual, nos oculten esto, y no en cualquier género, no, en el rol más puro como es The Witcher 2. Para mí es inconcebible, que siendo un género, por defecto, de tirarse horas a los mandos no haya esta información. Ahí va otro: Diablo III Ultimate Evil Edition en su versión de consolas. En PC podías ver cuanto tiempo le has dedicado a cada personaje creado pero por alguna extraña razón en consolas no. 

Algo sumamente tan sencillo como añadir un contador cada vez que inicias el juego, pues no, no les parece un aspecto a considerar. No entiendo que todavía se ande a vueltas con esto. Debería ser obligatorio, aunque lo juegues 15 minutos y lo dejes en la estantería, cuando lo vuelvas a poner y veas esa estadística, recordarás porque abandonaste el juego.

Otro de mis locos pero a mi parecer sensatos y personales desvaríos que no sirven para nada pero necesito plasmar. 


domingo, 21 de abril de 2013

Falsos amigos

Desde el pasado mes de Octubre me he llevado dos chascos enormes con ciertas amistades, o mejor dicho, dos personas que me consideraba amigo suyo, y encima de los buenos . Finalmente te dan la espalda porque simplemente no les importas, cosa que no veías bajo sus "falsas" palabras.

La primera de estas personas desaparece de improviso de todos lados pasando por completo de aquellos que había conocido por internet y muchos de nosotros, supuestamente, éramos muy queridos e importantes para ella. 

Lo que colmó el vaso fue la segunda de estas personas, alguien a quien consideraba una buenísima amiga y realmente lo era, hasta que me dí cuenta que no era más que otra de las tantas personas que han pasado por su vida durante el fin de una etapa de la misma y me ha desechado como si fuese basura o no le importase lo más mínimo.
Está visto que hay gente que no encaja ciertas situaciones y no sabe manejarlas, pues al revelarle ciertos sentimientos que iban más allá de la amistad, me ha dado de lado para caer en el olvido. Lo he pasado mal por ello, y quise probar si realmente le importaba lo más mínimo. Me explico: dejé de hablarle un mes (por su cumpleaños) a ver si salía de ella el iniciarme una conversación y no ha sido así. Se encuentra demasiado feliz con su nuevo novio como para prestarle atención a un "amigo" problemático. Y digo problemático, porque al enterarse que me gustaba me empezó a tratar de un modo más frío. Al principio hablábamos todos los días, después era casi imposible mantener una conversación con ella debido a que se pasaba todo el día fuera de casa. Tomó la decisión de que no nos viésemos más, así, sin previo aviso y por su propia cuenta y riesgo. Y tras dos meses se queja de que no le hablo, incomprensible. Esto era, según ella, por mi bien y quería seguir siendo mi amiga. 

Primero, tomas una decisión de esa magnitud y no tenías la intención de decirme nada. Haber tenido la decencia de avisarme o comentarme algo, porque lo primero que consigues es que me ralle y vaya enfadándome progresivamente por tu pasotismo hacia mí en este aspecto.

*Aclarar en este punto que una vez confesados mis sentimientos y tras decirle que de momento no podía verla con este nuevo chico, que a ser posible quería quedar de vez en cuando con ella a solas y con otra gente. No pedía ningún sacrificio humano o animal, solo que me concediese esa pequeña licencia (de la cual pensé que podía gozar después de lo que le apoyé en su anterior relación o simplemente por el simple y cotidiano echo de ver a un amigo tan normal). Lejos de esto, desoye esta petición y como vio que no eramos compatibles (como me llegó a decir), decide borrarme del mapa.

Después de tu negativa a querer que nos viésemos y cada vez me era más difícil de encajar esto, te quejas de que no te hablo. ¿No crees que es normal visto lo visto el punto anterior? No obstante hice un esfuerzo y estuve hablándole, cosa que se me hacía cada vez más cuesta arriba, por intentar mantener algo de lo que consideraba una amistad herida de muerte ya. Como ya dije antes, desde el día de su cumpleaños decidí hacer un descanso a ver si le daba a ella por abrirme conversación e interesarse por mí. El resultado es un blanco absoluto.
Me pregunto: ¿por qué debería hacer yo el esfuerzo por mantener viva la amistad? ¿ser amigos no se supone que es cosa de dos? a lo que ella probablemente añadiría: "lo hice por tí, porque te hace daño hablar conmigo" ¿No me has dicho más de una vez que a pesar de todo que querías seguir siendo mi amiga? ¿por qué entonces la contradicción de meter la premisa de que no puedo verte o hablarte porque estoy enamorado de ti  No se sostiene nada de lo que dices, más bien parece que me convertí en algo problemático, alguien a quién no sabrías tratar o poder mirar a la cara sabiendo lo que siente por ti  Y qué mejor forma que alejarlo de tu vida manteniendo que es por mí, mientras dices "quiero ser tu amiga". Nada tiene sentido.

Lamentablemente, pensé todo este tiempo que eras una persona que merecía la pena tener cerca, alguien importante y a quien, a pesar de mis sentimientos ocultos, podía llamar amiga. Que pudiese ver de vez en cuando y hacer cosas (como ella misma me decía de hacer, como ir a eventos de JdT o frikis). A pesar de todo tenía la esperanza vana de que se recuperase la amistad pero veo que me ha eliminado de todas las redes sociales sin mediar palabra. 

Bueno, sigue doliendo porque realmente la apreciaba pero veo que no se que entiende ella por amigos. ¿Sabrá lo que son? porque parece que le sobra con tener un novio y muchos conocidos. Otra cosa a resaltar es esa especie de orgullo que tiene de pensar que todo lo que hace es siempre correcto, y siempre lleva razón. Sigue con esa mentalidad intolerante e inflexible. No te pares a pensar o ponerte en la piel de otra persona, quizás cambien un poco tu visión y puedas enfocar determinadas situaciones de otra manera más constructiva. Espero que esta manera de pensar no te acarree problemas en el futuro porque es algo que realmente tendrías que corregir, vas a hacer daño a mucha gente como a mí sin ir más lejos.

En fin, lamentable, pero la vida sigue y has decidido no estar en la mía y que yo no esté en la tuya.

martes, 22 de enero de 2013

Cansado

Me he cansado ya de estar triste por una situación que no depende de mí. Me sobran los argumentos para la indignación. Se acabó, hora de cerrar la puerta de una maldita vez.

El que avisa no es traidor, ya lo he hecho dos veces y no hay necesidad de recordarlo una tercera vez, visto que no hay ningún tipo de reacción, y eso no va a cambiar por mucho que insista. Cada cual es como es y se mueve por unos motivos concretos. 

Allá cada cual con su conciencia, si es que tienen de eso, que lo dudo mucho. Que decepción, en serio.

jueves, 3 de enero de 2013

Nuevo año, lienzo en blanco.



Al fin terminó 2012, y como se suele decir, "nuevo año, nueva etapa". Fechas de nuevos propósitos, pero la gente que se piensa que es capaz de cumplir la mitad de lo que se ha planteado es una ilusa. Lo que realmente vale es fijarse metas a corto plazo e ir cumpliéndolas independientemente de la fecha que sea.

Para mí, digamos que 2012 fue un año...digamos... normal tirando a desastroso los últimos meses desde Julio. Muchas cosas han pasado. Una sucesión de acontecimientos tristes empezando por la más importante, la muerte de mi gata, Dina. Desde entonces, nada me ha sonreído desde entonces. No voy a andarme buscando el lado positivo de las cosas, porque, simplemente, no lo tiene. He acabado el año muy asqueado de las personas, descubres por enésima vez que son egoístas y que tú nunca has significado nada para ellos. Pero sería rizar el rizo entrar a tocar este tema.

Entramos en 2013 y mi percepción de las cosas no ha mejorado ni siquiera un poco, y esto es así porque no ha habido nada que me confirme que me equivoque. Definitivamente, voy a ser más egoísta y pensar más en mí, aunque ello implique dar la espalda a más de uno que estimo demasiado y realmente no entiendo cómo sigo haciéndolo a pesar de lo que recibo. Eso es lo que quiero corregir, dar a los demás lo justo que yo recibo. Quien no lo entienda tendrá que hacer examen de conciencia, y es que, normalmente, si alguien se aleja por algo es. Unas puertas se abren y otras se cierran, y el tema está en saber cerrarlas cuando hace falta porque da corriente dejarlas abiertas y te acabas helando de frío. Dicho así, muy metafóricamente.

Este año se verán muchas cosas, y no por ello dejaré de seguir adelante y tener nuevas metas. Así que al lío.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Tú y tus circunstancias

Las personas somos muy dispares entre sí. La variedad es buena pero, ante todo, siempre hay extremos, y estos, por norma general, no son buenos. Es, cuanto menos, confuso, darse cuenta de tú te encuentras en uno de estos extremos habiéndote considerado alguien normal siempre.

Todo se reduce, al fin y al cabo, a la forma de pensar de cada cual. Todos tenemos problemas, y es la persona y su forma de ser la que determina como le afectarán. Hay gente que se deja llevar, otra que le presta mayor atención de la que realmente merece, y mil y una situaciones más.

¿Dónde estoy yo? Me temo que un extremo, rozando lo enfermizo. Me cuestiono todo, le doy más vueltas a las cosas de las que debería. Resultado: demasiado analítico, y me afectan las cosas más que a una persona corriente. Lo peor de todo es que cuando me molesta algo de alguien y este alguien es especial para mí me decepciono, pero callas por temor a enrarecer el ambiente entre ambos. Me digo: "que cada cual valore si actúa bien con los demás". Forma de pensamiento algo ilusa, ya que no he de olvidar que la gente no se come el coco como yo. Siempre piensas "estos problemas tan estúpidos solo los tengo yo" y después te montas en el tren/metro y escuchas hablar a la gente de sus problemas cotidianos. Te das cuenta de que no eres el único que le afectan lo que tú llamas nimiedades. Esto, aún siendo así, no es ningún alivio ya que por ciertas circunstancias no puedes gestionar tus sentimientos para que no hagan mella en tí.

Todo parece resumirse a la forma de plantarle cara a cada situación. ¿Temor a las consecuencias? Malo, ya que no eres honesto contigo mismo, entonces, ¿cómo pretender que el resto te tenga en consideración?
Puntos de vista, todo es subjetivo, salvo tu propia realidad que solo comprendes tú mismo. Somos entes individuales y como tal eso nos hace únicos, hay quien lo aprecia y hay quien no, pero quien se encuentra en nuestro entorno más cercano debería estar entre los primeros, o eso dictan las convenciones sociales en que vivimos.

¿Crítica social? La sociedad está muy loca como para hacer caso a los convencionalismos. Cuídate a ti mismo y nunca te traiciones, pues es lo que más costará enmendar. Nacemos solos aún contando con la protección familiar (en términos generales) pero seguimos siendo INDIVIDUOS, al fin y al cabo.